Lo que dicen los columnistas

  • La otra opinión

    Síguenos en: La otra opinión Francisco Javier Vázquez Burgos Las dos caras del proceso Los procesos electorales de Hidalgo y Coahuila, donde información preliminar indica […]

  • Para usted

    Síguenos en: Para Usted Centro: Candidatus habemus: CMC Mario Gómez y González   Las pasadas recientes inundaciones, en primera instancia, desconfiguraron los diferentes esquemas preelectorales […]

  • Lo que dicen los columnistas

    Síguenos en: La renuncia del Presidente   Elisur Arteaga Nava   Proceso   AMLO prometió que renunciaría al cargo de presidente de la República. Supeditó […]

  • El postigo

    Síguenos en: El Postigo “Guerra” preelectoral Ambrosio Gutiérrez Pérez Todavía no se oficializa el triunfo mayoritario del PRI en Coahuila e Hidalgo y ya en […]

  • Lo que dicen los columnistas

    Síguenos en: Los niños con cáncer: víctimas de la lucha anticorrupción   Ricardo Raphael   Proceso   “Nos tratan como mentirosos, pero yo sé qué […]

Síguenos en: Share on FacebookEmail this to someonePrint this page

Internet del consumo, la producción y los sentidos

 

Jorge Bravo

 

Proceso

 

Hoy la Internet conecta personas para comunicarnos, muy pronto conectará cada vez más cosas para automatizar las actividades productivas y en el futuro conectará nuestros sentidos para que el cerebro humano se convierta en su propia interfaz.

Internet es un conjunto descentralizado de redes de comunicación interconectadas entre sí de alcance mundial. Desde sus orígenes hasta nuestros días hemos empleado esa red para comunicarnos, por eso existen 8.3 billones de suscripciones de telefonía móvil utilizadas por 7.8 billones de personas. Sí, existen más teléfonos celulares que individuos y cepillos de dientes: 108 dispositivos por cada 100 habitantes (UIT).

Además de comunicarnos, esa Internet la hemos utilizado para el consumo y el entretenimiento. Por eso, en 2020 cada minuto el mundo subió 147 mil fotos a Facebook, 500 horas de video a Youtube, se transmitieron más de 404 mil horas de contenido en Netflix y Amazon envió cada 60 segundos 6 mil 659 paquetes (Domo).

Sin que Internet deje de ser una red de medios que ha facilitado la copia de canciones, películas, libros y noticias para nuestro disfrute, el siguiente paso es enriquecer la Internet del consumo y añadir el Internet de la producción. Si llama la atención que existan más teléfonos que personas, se sorprenderán al constatar que ya existen 12 billones de conexiones máquina a máquina y que llegará a 25 billones en 2025, desde vehículos hasta relojes conectados (GSMA).

El Internet de las cosas conecta máquinas, dispositivos y electrodomésticos a través de múltiples redes y tecnologías. Estos gadgets conectados incluyen objetos de consumo cotidianos y máquinas de diferentes sectores (salud, energía, transporte) como medidores para signos vitales, cámaras de video vigilancia, medidores de gas o agua, luminarias o semáforos. Estos dispositivos generan datos que, procesados, brindan información que genera valor para la sociedad, los gobiernos o las empresas.

El Internet de las cosas permite crear nuevos modelos de negocio, políticas públicas, reducir costos, aumentar la eficiencia empresarial y permitir una mayor innovación. Para los usuarios, las cosas conectadas mejoran su calidad de vida porque pueden hacer un monitoreo de su salud, hacer más eficiente su consumo energético o vigilar de forma remota su hogar.

El Internet de la producción va más allá. El objetivo es automatizar los procesos productivos y tener fábricas inteligentes. A esta fase de desarrollo se le ha llamado Cuarta Revolución Industrial. En Alemania recibe el nombre de Industria 4.0, en Estados Unidos de Industrial Internet y Made in China en ese país asiático. El Internet de la producción se sustenta en las capacidades del hardware, el software y las plataformas digitales para automatizar y mejorar la industria mediante las tecnologías de la información, la robótica avanzada y el desarrollo de sistemas de producción ciberfísicos.

La revolución digital productiva se caracteriza por una conectividad ubicua, móvil, la proliferación de sensores, Inteligencia Artificial y aprendizaje automático. La fabricación se vuelve inteligente porque las cadenas productivas son tanto físicas como virtuales (se seguirán produciendo autos o cualquier mercancía pero a través de sistemas y no mediante mano de obra) y flexibles, para producir mercancías cada vez más personalizadas.

Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial y autor del famoso libro La cuarta revolución industrial, advierte que estas transformaciones son exponenciales, amplias y profundas. Están llevando a cambios de paradigmas en la economía, los negocios y la sociedad, aún cuando no exista liderazgo ni visión estratégica de quienes toman decisiones desde los gobiernos. Estas tecnologías están fusionando los ámbitos físicos, digitales y biológicos. Sí, ya es posible editar, configurar o modificar el ADN para personalizar organismos vivos. La interrogante no es tecnológica sino ética.

“La medicina no ha podido curarme, así que me apoyo en la tecnología para comunicarme y vivir.” La incapacidad motriz y para hablar de Stephen Hawking motivó el desarrollo de la tecnología ACAT (Assistive Context-Aware Toolkit) de Intel, la cual consiste en un sensor de proximidad que Hawking tenía en sus gafas y se activaba cada vez que movía su pómulo; una plataforma de software con un teclado virtual y una simulación de ratón para escribir, y una voz robótica que Stephen identificaba como suya. Los movimientos del pómulo de Hawking se traducían en palabras que eran dictadas en tiempo real por el programa de síntesis de voz.

Hacia 2030, el cerebro -ya no sólo los smartphones y las cosas conectadas- será la nueva interfaz de usuario. No es tan sorprendente si recordamos que en el cerebro ocurren conexiones mediente estímulos eléctricos. Empresas como Ericsson están desarrollando lo que denominan el “Internet de los sentidos”.

Hoy la tecnología sólo ha habilitado la vista, la voz y el oído; falta el gusto, el tacto y desarrollar un entorno de experiencias sensoriales virtuales hiperconectadas. Sin mediar botones físicos ni comandos de voz, con el pensamiento daremos instrucciones, enviaremos mensajes o encenderemos los electrodomésticos.

Sí, el pensamiento será el próximo dato personal. Desde ya iniciemos la redacción de la Ley de Protección de Pensamientos que crea el Instituto Nacional de Protección de Datos y Pensamientos Personales. Las empresas, los anunciantes, los gobiernos, los partidos y los políticos estarán interesados en tener acceso y conocer nuestros pensamientos.

Junto al Internet del consumo y de la producción convivirá el Internet de los sentidos. Nuestro gusto, tacto, olfato, oído y vista estarán conectados a través de sensores y dispositivos cuya apariencia y diseño no imaginamos. Antes de decidir una compra “paladariemos” el sabor digital y conoceremos los nutrientes reales de los alimentos y los productos procesados. Seleccionaremos experiencias olfativas personalizadas en nuestro entorno. Las realidades virtual y aumentada serán cotidianas. Sentiremos en nuestra piel las texturas de las aplicaciones y las cosas. Entenderemos cualquier idioma extranjero en tiempo real porque tendremos integrado el traductor.

Surgirán nuevos derechos, leyes, instituciones, políticas públicas, negocios, trabajos… Muchos de esos nuevos servicios y aplicaciones sensoriales terminarán siendo gratuitos y también habrá versiones premium. No es futurismo. Se está invirtiendo en ello, ya hay desarrollos tecnológicos y ya existen antecedentes de esas soluciones.

Todo lo mencionado y mucho más va a ocurrir. Casi se me olvida decir que necesitaremos la infraestructura, la capacidad de procesamiento, el almacenamiento de datos y las redes de banda ancha que soporten esos servicios y aplicaciones. Pero sobre todo que permitan ejercer los actuales y los próximos derechos fundamentales del Internet del consumo, la producción y los sentidos.

 

* Presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi).

 

Razones

 

A López-Gatell lo tratan como se merece

 

Jorge Fernández Menéndez

 

Excelsior

 

  • Un funcionario que presume de científico, que abusa de la banalidad y de los juegos retóricos, que expresa opiniones sanitarias que dependen de la coyuntura política, que se burla de sus críticos y los trata de ignorantes, merece ser tratado como fue tratado.

 

La dureza con que fue recibido en el Senado de la República el subsecretario López-Gatell es proporcional a la forma en que el responsable de la política de salud durante la pandemia ha tratado a sus críticos, a sus antecesores y a la propia sociedad.

Un funcionario que presume de científico, que abusa de la banalidad y de los juegos retóricos (“la fuerza del Presidente es moral, no es una fuerza de contagio”), que expresa opiniones sanitarias que dependen de la coyuntura política, que se burla de sus críticos y los trata de ignorantes, merece ser tratado como fue tratado el doctor López-Gatell esta semana.

Con un agravante: López-Gatell no tiene ni remotamente las credenciales científicas y administrativas de las que presume, sobre todo comparado con algunos de sus antecesores, como Julio Frenk, José Narro, José Ramón de la Fuente, Jesús Kumate, José Córdova Villalobos y Salomón Chertorivski, y mucho menos con el doctor Guillermo Soberón, un funcionario ejemplar y un rector señero en la Universidad Nacional que, fallecido esta semana, no mereció homenaje alguno del subsecretario o del gobierno federal.

El problema con el sector salud va mucho más allá de lo actuado con la pandemia. No hay medicinas para los niños con cáncer no porque se las hayan robado en el extrañísimo hurto del fin de semana en Iztapalapa, tan extraño como la adquisición de esas medicinas en Argentina, sino porque se canceló la compra consolidada de medicinas que se había hecho en agosto de 2018 y no se comprendió que esas compras no pueden hacerse de un día para el otro, no pueden reemplazarse. Se programan con anticipación y se compran por adelantado. Se canceló la compra consolidada y se condenó a los proveedores sin tener alternativas y lo que hubo fue un desabasto de medicinas que se mantiene hasta el día de hoy. Van prácticamente dos años de que se tomó esa decisión y no se ha logrado siquiera garantizar el abasto de medicamentos esenciales, incluyendo la vacuna contra la influenza para esta temporada.

Decíamos aquí en enero de pasado, cuando todavía no había iniciado la pandemia, que no dejaba de llamar la atención la forma en que se ha tratado al sector salud. Es verdad que el Presidente dijo en campaña que no quería el Seguro Popular, pero la forma en que se desapareció a éste de un plumazo, cambiándolo por un Instituto del Bienestar que ya está funcionando, pero que no cuenta siquiera con reglas de operación claras, está resultando criminal.

El gobierno federal se ha vanagloriado de haber hecho grandes ahorros en la compra de medicinas, pero el ahorro deviene en el desabasto de las mismas. Quien le diga al Presidente que existen medicinas suficientes y a tiempo para todos los pacientes le está mintiendo. Cuando lo llevan a giras hospitalarias prefabricadas no le están mostrando lo que ocurre después de que él se va. Cuando se encuentra con familiares que protestan y le dicen que son opositores que se quejan para que no funcionen los cambios que él propone, le están mintiendo. No hay una enorme conspiración de padres de niños con cáncer ni de empresas farmacéuticas para que exista desabasto, lo que hay es una enorme incompetencia en el sector salud.

Lo decíamos en enero y lo podemos repetir ahora, diez meses después y a casi cien mil muertos más por covid: cualquiera que recorra los hospitales públicos puede entrevistar cada mañana a padres desesperados que no encuentran medicinas para sus hijos, hablar con empleados y médicos que no saben cuándo llegarán e incluso con instituciones hospitalarias a las que no les queda claro siquiera cuáles son sus reglas de operación. Si le dicen al Presidente que esas carencias se solucionan con los apoyos que le entregan a los viejitos o a los jóvenes, le están mintiendo. Nada puede reemplazar, sobre todo entre los más pobres, un sistema de salud mínimamente eficiente.

Éste era y sigue siendo el mayor drama que debe enfrentar esta administración. Estamos hablando de la salud de los más pobres y, sobre todo, de los niños. Y el sistema no está funcionando. En la salud, la improvisación se convierte en un caso de vida o muerte. Así de sencillo.

No se entiende cómo el desabasto de medicamentos se puede tratar de combatir inhabilitando empresas farmacéuticas o comprando en el extranjero medicamentos que se podrían conseguir en el país. Si hubo corrupción en el pasado, que se castigue. El desabasto de medicinas, más allá de que haya habido o no manejos corruptos en alguna empresa o funcionario, se debe a la improvisación y el mal manejo que han tenido las autoridades del sector. A ideas prefabricadas sin sustento con la realidad o simplemente a corrupción, de la nueva, de la actual.

Mucho menos se entiende cómo se hace la maroma mediática para terminar culpando, sin prueba alguna, de un boicot, un complot dirían los clásicos, a las empresas de un sector con las que el mismo día se firma un convenio internacional para que surtan las futuras vacunas contra el Covid. Boicotean o colaboran, no se pueden hacer las dos cosas al mismo tiempo.

 

Ni perdón ni olvido: ¡derechos!

 

Francisco López Bárcenas

 

La Jornada

 

En el contexto de los 528 años de la invasión española a lo que hoy es América Latina y en vísperas de los 500 años de la caída de Tenochtitlan bajo las fuerzas españolas y sus aliados indígenas, la esposa del Presidente de la República Mexicana entregó en la Ciudad del Vaticano, una petición para que, a nombre de la Iglesia católica, el Papa pida perdón a los pueblos indígenas por las atrocidades que sus enviados perpretaron o permitieron que se cometieran durante la Conquista y la Colonización de lo que hoy es el Estado mexicano. No se entiende por qué la petición no la entregó el representante de nuestro país en ese Estado, pero menos se concibe que se pida que se haga algo que ya se realizó varias veces, sin que ningún efecto positivo tuviera entre quienes se había solicitado el perdón.

Al menos tres veces la Iglesia católica ha solicitado el perdón ahora demandado por el Presidente de México. La primera vez lo hizo Juan Pablo II, en 1992, durante su visita a la isla de Santo Domingo, donde Fray Antonio de Montesinos denunciara, en agosto de 1511, las atrocidades que los españoles cometían contra la población nativa; la segunda ocasión fue en 2007 y corrió a cargo del papa Benedicto XVI, durante su visita a Brasil, y el año pasado lo hizo el propio papa Francisco, durante una reunión que sostuvo con integrantes de movimientos sociales en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia; en sus argumentos, Juan Pablo II habló de abusos debidos a la falta de amor de los españoles hacia los indios; Benedicto XVI se refirió a pecados cometidos por la Iglesia durante la Colonia y Francisco reconoció los crímenes de los españoles contra los pueblos originarios.

Por donde se le mire, no hay razón para que el titular del Poder Ejecutivo de México solicite al representante del Estado del Vaticano realice una acto que ya hizo hace años, sin que tuviera consecuencia alguna, pues el perdón, si fuera sincero, no debería reducirse a solicitarlo, sino también asumir que se está dispuesto a reparar el daño cometido y a no volver a repetir las conductas abusivas. Lo anterior incluye reconocer a los pueblos indígenas agraviados su derecho a ser pueblos, en el sentido del derecho internacional, reconocerles y garantizarles sus derechos violados: sus gobiernos propios, sus territorios, sus recursos naturales, su cultura y su derecho a decidir ellos mismos su futuro. Ese es el espíritu del desmantelamiento de la doctrina del descubrimiento que desde hace años se discute en Naciones Unidas.

Lo que también sorprende con relación a la petición es que el gobierno mexicano quiera de gobiernos extranjeros lo que él no está dispuesto a realizar en el país. Algo que la historia oficial niega, o al menos calla, es que la agresión que los pueblos indígenas sufrieron al consumarse la Independencia fue más agresiva que la de la Colonia, ésta se extendió durante el siglo XX y continúa en la actualidad. En el siglo XIX se desconocieron sus gobiernos y se les despojó de sus territorios, para lo cual desataron una cruenta guerra contra ellos; en el siglo pasado se les devolvieron las tierras, pero los dejaron sin gobiernos, lo que les impidió defenderse de agresiones caciquiles sufridas, se les sometió a políticas de integración que los llevaron a perder la lengua y gran parte de su cultura, porque lo que buscaban era su desaparición.

En la actualidad esas políticas continúan. Cambian las formas, pero no los fines. De nada sirve que en la Constitución se reconozca la existencia de los pueblos indígenas y algunos de sus derechos si en la práctica los gobiernos, incluido el actual, persisten en desconocerlos. Las políticas desarrollistas se implementan como si ellos no existieran, se arrasan sus territorios y se les despoja de sus re-cursos naturales; los presupuestos destinados para atender sus necesidades se reducen hasta resultar simbólicos, como para que no vayan a decir que los desaparecieron; las instituciones indigenistas creadas para darles atención siguen actuando como en los gobiernos anteriores y en muchos casos peor, sus programas de trabajo continúan siendo los mismos de hace décadas, sólo que ahora pueden cambiar de acuerdo con la voluntad presidencial.

Pero lo más importante del caso es que ningún pueblo ha solicitado les pidan perdón. Lo que a gritos exigen, a veces exponiendo la vida para ser escuchados, es que ellos son pueblos con derechos colectivos y como tales quieren que se les trate. El perdón, venga de gobiernos externos o del interno, sólo tiene sentido si se desmantela la doctrina del descubrimiento que sigue muy vigente. El perdón, sin consecuencias, los pueblos indígenas no lo han pedido y no lo quieren. Lo que a gritos exigen es que se reconozca su autonomía,un derecho inherente a su condición de pueblos. Pero de eso en el gobierno no se dice nada.

Síguenos en: Share on FacebookEmail this to someonePrint this page

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*