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AMLO ante Kushner y el rey

John M. Ackerman

Proceso

03/04/2019

Hoy queda perfectamente claro que no hubo sumisión o entreguismo alguno de parte del Estado Mexicano a partir de la cena privada entre Andrés Manuel López Obrador y Jared Kushner celebrada el pasado 19 de marzo. Nueve días después de aquel encuentro, este jueves 28 de marzo Donald Trump publicó dos tweets donde reclama al nuevo gobierno mexicano porque supuestamente “se niega a ayudar con la inmigración ilegal y drogas” y sostiene directamente que “México no está haciendo NADA para ayudar a detener el flujo de migrantes ilegales a nuestro país. Ofrecen puras palabras y nada de acción”, por lo cual amenaza con “cerrar la Frontera Sur!” (máyusculas y signo de admiración en el original).

Estos airados reclamos de parte del presidente de los Estados Unidos demuestran que el gobierno de López Obrador se ha mantenido firme en su resistencia a las fuertes presiones de Washington para cerrar nuestra frontera sur con Guatemala, así como realizar detenciones masivas de los centroamericanos que atraviesan el territorio mexicano hacia el vecino país del norte. Trump se enoja, se frustra y grita frente a la negativa del nuevo gobierno a dar continuidad a las políticas entreguistas de Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray en que el Instituto Nacional de Migración, la Policía Federal y las Fuerzas Militares se dedicaban a hacer el trabajo sucio a Washington.

El gobierno mexicano ha cambiado 180 grados su estrategia hacia los migrantes. En lugar de reprimir, controlar y deportarlos, hoy se les acompaña, se les apoya y se les busca trabajo y bienestar. 

La estrategia de López Obrador es absolutamente transparente para quien la quiera ver. Quiere simultáneamente evitar los conflictos personales estériles; de ahí su ecuanimidad tuitera y su cena con Kushner, y garantizar la plena soberanía y autodeterminación del Estado mexicano. El presidente mexicano sabe perfectamente bien que si se desgasta en pleitos discursivos en las redes sociales será más difícil avanzar en el terreno, mucho más importante, de las políticas públicas.   

Lamentablemente, en lugar de atender el fondo de la cuestión, la mayor parte de la prensa nacional prefiere fijarse solamente en la superficie. En su desesperación por construir un relato de supuesta continuidad entre Peña Nieto y López Obrador, insiste una y otra vez en que existiría alguna similitud entre la recepción oficial de parte del gobierno de Enrique Peña Nieto al yerno de Trump en Los Pinos, así como su vergonzosa condecoración con la Orden del Águila Azteca, y un encuentro informal durante horarios de descanso entre López Obrador y Kushner.

Pero lo más importante es que la forma totalmente distinta entre los dos encuentros refleja una profunda discrepancia de fondo. Mientras Peña Nieto actuaba como un perro faldero de Trump, con respecto a los migrantes, las drogas y Venezuela López Obrador defiende firmemente la soberanía de México y de todos los pueblos de América Latina.

Algo similar pasa con respecto a la cobertura mediática del intercambio entre López Obrador y el rey de España. El pasado 1 de marzo el presidente mexicano envió una carta diplomática al rey Felipe VI invitándolo, con enorme respeto y gallardía, a participar en un gran proceso de reconciliación binacional en el año 2021, con motivo de los quinientos años de la caída de Tenochtitlan y los 200 años de la consumación de la Independencia de México.

Alguien, muy probablemente algún personaje cercano a Felipe VI y que participa en las redes de la derecha internacional hoy enojadas con López Obrador por su posición hacia Venezuela, filtró el contenido de la carta con el fin de fabricar un conflicto falso entre el nuevo gobierno mexicano y el Estado español. No podemos descartar incluso la posibilidad de que el mismo Enrique Krauze pudiera estar detrás de esta nueva estrategia de guerra sucia.

López Obrador ha sido perfectamente claro que su posición es estrictamente histórica y a favor de la reconciliación y la paz y que de ninguna manera descalifica personalmente al rey ni busca atizar algún conflicto racial, étnico o internacional. López Obrador también ha asumido su propia responsabilidad al reconocer que el Estado mexicano también debe pedir disculpas por su maltrato hacia los pueblos indígenas y otros grupos étnicos como los chinos.

Sin embargo, así como los periodistas del viejo régimen cuestionaron a López Obrador por su supuesto entreguismo con Kushner sin poner atención en el fondo de la cuestión, hoy atacan al presidente mexicano por supuestamente generar conflictos estériles con España sin entender que el propósito de la carta fue precisamente lo contrario.  

De lo que se trata es agarrar cualquier pretexto para intentar desacreditar a López Obrador. Quieren dar la impresión de un presidente mexicano incoherente y contradictorio, cuando en realidad ellos mismos son quienes se contradicen y tuercen la realidad a su antojo.  

Por ejemplo, muchas de las mismas voces que antes defendían las políticas entreguistas de Peña Nieto hacia Washington, hoy de repente se han convertido en nacionalistas de ocasión y descalifican a López Obrador por supuestamente parecerse a Peña Nieto. Y quienes antes celebraban las buenas relaciones entre España y los gobiernos neoliberales, hoy buscan dinamitar esas mismas relaciones con el fin de debilitar a la Cuarta Transformación.

Existe en realidad una gran coherencia y congruencia en la estrategia de López Obrador hacia Madrid y Washington. En ambos casos se busca establecer una relación horizontal de respeto mutuo, por medio de cenas, cartas y otras comunicaciones personales, con el propósito de sentar las bases para fortalecer la dignidad, el bienestar y la soberanía de la nación mexicana en un contexto mundial cada vez más complejo, inestable y peligroso.

Razones

Ante Trump, diplomacia y seguridad nacional

Jorge Fernández Menéndez

Excelsior

  • Hace bien el Presidente de México en no engancharse con las amenazas de Trump. • A este último lo único que le importa es su ya iniciada campaña de reelección.

Para mi hermana Graciela, cálida y luchadora.

La magnitud del error diplomático de las famosas cartas a España y el Vaticano se puede evaluar en estos días, en los que Donald Trump amenaza con cerrar la frontera y frenar el nuevo tratado comercial trilateral, el TMEC. Decíamos que recibir gentilmente a Jared Kushner al mismo tiempo que se reclamaba con rudeza a nuestro más cercano aliado en Europa (y quizás en el mundo) por hechos ocurridos hace 500 años, no tenía sentido alguno.

Pues bien, esta semana, al contrario de lo que se dijo durante la visita de Kushner, el gobierno de Trump no sólo no aportó los diez mil millones de dólares de los que habló el presidente López Obrador para desarrollar nuestra frontera sur, sino que retiró los escasos 500 millones que otorga a Honduras, Guatemala y El Salvador como apoyo para el desarrollo, y amenazó (y no es descabellado que lo haga) con cerrar nuestra frontera común, por lo menos en varios puntos, lo que sería una pequeña (o gran, de acuerdo con la magnitud del cierre) catástrofe económica para el país en general y para la frontera norte en particular.

Hace bien el presidente López Obrador en no engancharse con las amenazas de Trump. Al hombre lo que le importa es su ya iniciada campaña de reelección. Y a falta de algo mejor que mostrar, el eje en la misma serán México, el muro y la migración, lo que pone en riesgo la renovación de TMEC. Donde se debe trabajar es en muchos otros ámbitos de la Unión Americana: se debe trabajar con los sectores afectados por esas medidas dada la estrecha integración comercial con México (que paradójicamente están en su mayoría en estados que tienen voto republicano), se debe trabajar con congresistas que representen esos intereses, con nuestra comunidad en la Unión Americana, con medios y con una política interior coherente con esos objetivos.

Por eso mismo, adoptar medidas que frenen la inversión, que limiten la integración, que retrocedan en los objetivos regionales es un grave error, es una forma de impulsar el aislacionismo, y de ofrecerle a Trump mayor margen de maniobra para sus sanciones y presiones. Cuanto más integrados, cuando mayores intereses comunes existen, cuando se realiza un verdadero trabajo de lobbying en todos los sectores, cuando nuestra economía es más abierta y las relaciones con las diferentes potencias económicas más sólidas, mayor capacidad tiene nuestro país para lidiar con personajes como Trump y sus amenazas.

En este contexto, un inútil conflicto diplomático con España no ayuda en absolutamente nada. Tampoco que se diga que se van a revisar los contratos de los ductos de gas (íntimamente vinculados a la importación desde Estados Unidos) o frenar las licitaciones futuras en áreas energéticas, cuando uno de los objetivos explícitos del TMEC es una amplia integración y apertura regional en ese ámbito, creando, casi en los hechos un mercado energético común.

Al mismo tiempo se debe operar en nuestra frontera sur, por un tema no sólo político y humanitario, sino de seguridad nacional. Probablemente no es verdad lo que asegura la administración Trump de que en las caravanas ingresan terroristas o exmiembros del ISIS pero, primero, no lo podemos descartar, sobre todo ahora que ese grupo terrorista ha sido derrotado en Siria y ha comenzado la dispersión mundial de muchos de sus sobrevivientes. Segundo, porque los que sí ingresan mezclados en los miles que huyen de la pobreza y la inseguridad, son pandilleros, tratantes de personas y traficantes de droga y armas.

Se entiende y comparte la visión humanitaria, pero eso no está peleado con una estrategia de seguridad nacional. En 1995, luego del levantamiento zapatista, se aplicó una estrategia en la frontera sur de construcción de carreteras, zonas de contención y atención, una política social específica que podría haber tenido mucho más éxito si hubiera sido continuada en el tiempo, lo que no se hizo. Hay que hacer algo similar: hay que tener en el sur del país una frontera real, no ficticia, abierta pero con regulación, con cruces individuales no masivos, que permita incluso proteger de esa forma a quienes quieren ingresar al país. Dejar abierta la frontera sur al ingreso masivo y sin control es en el largo plazo suicida, más allá de las amenazas de Trump.

Por cierto, la semana pasada me preguntaba Bartlett de dónde sacaba que con la actual política de CFE iban a comenzar los apagones: pues ya tuvimos uno de horas en las colonias Roma, Condesa y Escandón, y el jueves nada menos en pleno Palacio Nacional, durante la conferencia del presidente López Obrador

Migración: problema de EU, no de México

Ana María Aragonés

La jornada

El presidente Donald Trump, envalentonado con el resultado de la investigación que llevó a cabo el fiscal especial Robert Mueller y que prácticamente lo exonera de haberse ligado con los rusos para obtener beneficios en la elección presidencial, utiliza lo que considera como un éxito rotundo para encender a sus seguidores con la mira puesta en la relección. Y para eso refuerza todos aquellas frases que generan una reacción casi histérica en sus seguidores, es decir, el peligro que vive Estados Unidos ante una supuesta “invasión de migrantes” que violan su seguridad nacional y por eso requiere con urgencia la construcción de un muro. La estrategia es poner al presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador en un supuesto aprieto al afirmar que no hace nada para detenerlos y, por lo tanto, se va a ver en la necesidad de “cerrar la maldita frontera”. De esta forma pasa el problema a México.

Dan ganas de responder con las mismas bravatas, pero por el contrario, se requiere poner en evidencia la realidad de la situación en la que México está envuelto.

En primer lugar el problema es de Estados Unidos, pues los migrantes que pasan por México lo que quieren es llegar al país del norte. Y la política del nuevo gobierno mexicano, autónoma y soberana, es de otorgar visas para que cualquier migrante pueda transitar por el país con un documento. Por lo tanto, si quieren pasar la frontera no es problema de México, si acaso es responsabilidad de la persona y de las disposiciones que tenga el vecino, que por cierto son violatorias de todos los convenios internacionales, militarizando la frontera, aumentando el número de integrantes de la Patrulla Fronteriza, que hasta disparan gases lacrimógenos sin importar si hay niños, mujeres embarazadas, etcétera, todo para detener a una población que se encuentra en gravísimos problemas y que requiere refugio y asilo al que ningún país debe negarse. Precisamente por eso quien es responsable es Estados Unido, no México.

Lo que sí le corresponde a México es hacer frente al problema de la mejor forma posible, es decir, al poner por delante los derechos humanos y la protección de todos los migrantes que se encuentran en el país, les otorga visas humanitarias para que puedan transitar en forma documentada, cambia los centros de detención por albergues y da alojamiento y comida teniendo especial cuidado con los menores.

Es un hecho que el fenómeno ha desbordado a México, pues no estaba preparado para incorporar a esta gran cantidad de migrantes. La estrategia de viajar en caravanas se entiende por el hecho de sentirse más seguros, pero hasta ahora estaban compuestas por un promedio de mil 500 a 2 mil personas, pero se habla de la formación de una nueva que podría alcanzar las 20 mil personas. La cancillería hondureña lo ha negado enfáticamente, por lo que no sería improbable que esos rumores partieran de sectores interesados en darle herramientas a Donald Trump para apoyar su política antinmigrante y lograr la construcción del famoso muro.

Uno de los graves problemas que se presentan en situaciones como esta, es decir, con el refuerzo de las fronteras y por lo tanto dificultar el paso de los migrantes, es la proliferación de una industria de coyotes y polleros. Se extendieron con enorme fuerza desde la firma del TLCAN y la puesta en marcha de un conjunto de programas fronterizos aplicados por William Clinton para impedir su paso y que los obligó a buscar pasos mucho más riesgosos y en muchas ocasiones a recurrir a los coyotes. Una política totalmente inadecuada y razón por la que la migración de tipo circular, que se había desarrollado hasta ese momento, se convirtió en una migración permanente de indocumentados en el país vecino a pesar de las enormes dificultades y tragedias en la travesía y los costos cada vez más altos que cobran los tratantes de personas.

No sería extraño que pasara lo mismo ahora: tratantes de personas, polleros, coyotes, supuestos líderes que no son tales sino delincuentes que engañan a los migrantes haciéndoles creer que por una cantidad determinada, que es cada vez más alta –entre 2 mil y 6 mil dólares por persona, y algunos señalan que alcanza hasta los 10 mil–, pueden pasarlos del otro lado.

Es un negocio infame y campo de enorme preocupación para el gobierno mexicano, por lo que hay que buscar nuevas formas que hagan inútiles a estos delincuentes. Una propuesta es que las embajadas y consulados mexicanos que se encuentran en los países de origen de los migrantes otorguen las visas, ya sea humanitarias o de trabajo a aquellos que pretendan ingresar al país, indiquen con toda claridad que es la única forma posible de entrar o de lo contrario serán deportados.

A grandes males, grandes remedios.

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