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Arrastrando los pies

Denise Dresser

Proceso

Mientras otros países actúan con prisa, con ansiedad, corriendo para evitar los peores estragos del coronavirus, México parece ir a ritmo lento. El gobierno de la 4T actúa con parsimonia, sin prisas, con medidas mucho menos contundentes que las presenciadas en otras latitudes. Aquí se busca arropar a los más pobres, a los más vulnerables, a los más desamparados. Aquí hay millones de personas laborando en la informalidad, sobreviviendo día a día: el vendedor ambulante, el taquero, el albañil. “Es a ellos a quienes queremos proteger”, argumenta Hugo López-Gatell, la voz pública del gobierno lopezobradorista, el encargado de explicar el comportamiento a contracorriente de lo que pasa en el resto del mundo. Y no es una tarea fácil justificar por qué México arrastra los pies.
El discurso oficial coloca al país en una falsa disyuntiva: Asegurar la supervivencia económica de los desposeídos o encarar la crisis sanitaria del coronavirus. Mantener la economía andando el mayor tiempo posible o congelarla para mitigar el contagio. Y AMLO ha decidido promover lo primero por encima de lo segundo. Por eso el mantenimiento de las giras, el desdén por el gel antibacterial, la continuación de los besos y los abrazos, la invitación a comer en las fondas. El presidente piensa que así sigue poniendo a los pobres primero: visitándolos, saludándolos, manteniendo sus fuentes de empleo, por precarias que sean. Los millones de mexicanos que laboran en la informalidad están en el centro de la agenda presidencial; son la prioridad de la política pública.
Las juntas recientes del gabinete lo confirman. En la visión del presidente, lo más importante para encarar la crisis que viene es mantener los programas sociales, los pagos a los adultos mayores, las obras de infraestructura como Dos Bocas y Santa Lucía y el Tren Maya. Seguir hablando del petróleo como palanca del desarrollo y seguir apostando a su refinación. No parece haber un sentido de urgencia ante lo que se avecina; no hay un cambio de rumbo ante el camino empedrado que a AMLO le tocará recorrer. El presidente sigue expresándose y tomando decisiones como si el país –y el mundo– no enfrentaran la debacle más importante que le ha tocado vivir a nuestra generación. López Obrador ya no será el presidente de la Cuarta Transformación; será recordado por cómo encaró un reto para el cual –hasta ahora– parece estar poco preparado.
La narrativa del presidente no ha cambiado para reflejar la realidad que el coronavirus modifica día con día. En las mañaneras se siguen describiendo los avances en la construcción de Santa Lucía, se continúa hablando de proyectos que no deberían acaparar la atención gubernamental en esta coyuntura crítica. Como si al norte de la frontera no se apilaran los muertos. Como si la India no estuviera en cuarentena total. Como si tantos jefes de Estado no hubieran dado mensajes subrayando la magnitud de la emergencia. Como si el principal epidemiólogo estadounidense –Anthony Fauci– no hubiera dicho que cualquier cosa que parezca una sobrerreacción después parecerá una subreacción. Como si el titular de la OMS no hubiera dado la indicación de “recentrar toda la atención del gobierno en suprimir y controlar el covid-19”.
Pero en México se dice que no se están tomando medidas más drásticas porque así se protege a la economía, mientras no se hace ni lo uno ni lo otro. Podríamos acabar en el peor de los dos mundos: con una crisis de salud monumental por no haber suspendido las actividades públicas a tiempo, y con una contracción económica brutal por no haber impulsado las medidas contracíclicas a tiempo. Podríamos terminar con una curva de contagio que no se logra aplanar y con costos económicos que se extienden en el tiempo, cada vez más altos. Las medidas anunciadas o previstas resultarán insuficientes para lo que se avizora como la edad de hielo de la economía mundial y una contracción económica doméstica estimada de 4-5%.
La 4T no se está preparando a la velocidad suficiente, ni con la coherencia requerida para lo que Santiago Levy describe como “una recesión severa y de duración incierta”. En su artículo “Superemos juntos la emergencia”, publicado en la revista Nexos, analiza los componentes de una mezcla –en lo externo y en lo interno– que será tóxica para México. La caída en los precios del petróleo, el descenso de las exportaciones, la reducción del turismo y las remesas, menores flujos de inversión extranjera, la depreciación del peso, el cierre de oficinas y restaurantes y hoteles y fábricas. La actividad económica paralizada por la falta de demanda y la falta de ingresos de todos: los trabajadores formales y los informales, las clases medias y los que menos tienen.
Ante este escenario, desconcierta el desparpajo del presidente y la ausencia de Arturo Herrera. La falta de anuncios sobre los recursos adicionales que se destinarán y las medidas de emergencia que se instrumentarán. Las pocas iniciativas –para bien y para mal– provienen del sector privado, ante un gobierno al que se le percibe pasmado. Frente a la parálisis, urge un sentido compartido de cooperación ante la catástrofe. Urge repensar el plan económico que la 4T tenía para un país donde las principales coordenadas han sido cambiadas por el coronavirus. Urge replantear a dónde y a quiénes canalizar recursos. Urge conseguirlos.
Superar la crisis será mucho más difícil si no se cancelan las obras de infraestructura planteadas por el presidente. Si no se canaliza todo el gasto público disponible al sistema de salud. Si no se hace una readecuación presupuestal para que los recursos fluyan. Si no se protege el trabajo y el ingreso de los trabajadores en el sector informal a la par que se protege a los más pobres. Si no hay transferencias compensatorias a los sectores y a la población más afectada, entre tantas medidas más. Pero en vez de correr y saltar y moverse, México arrastra los pies. Y por ello podría terminar de rodillas.

Arsenal

“AMLO en riesgo por edad, hipertensión, cardiopatías, y no se cuida…”

Francisco Garfias

Excelsior

El Presidente pidió una tregua, pero mantuvo su retórica de polarización. Todo se lo endilga a los conservadores y al neoliberalismo. Hasta sus propios errores.
Ayer llegó al extremo de presumir el sistema de salud que había antes de la irrupción del COVID-19.
“Antes del coronavirus se había creado el Instituto de Salud para el Bienestar; antes del coronavirus ya habíamos decidido aumentar el presupuesto del sector salud en 40 mil millones de pesos.
“Antes del coronavirus habíamos definido cuatro acciones: que no faltaran los medicamentos, que no faltaran los médicos, que se mejoraran las instalaciones y que se le diera atención especial a los trabajadores de la salud”.
No alcanzo a imaginar lo que piensan los padres de niños con cáncer que tuvieron que tomar el aeropuerto por la falta de medicamentos para sus hijos.
Los enfermos de sida que tuvieron que salir a la calle por idéntica razón; los que padecen insuficiencia renal y rogaban por su diálisis.
O los familiares de los fallecidos en el hospital de Pemex, en Villahermosa, porque les pusieron un medicamento contaminado.
Todo eso también era antes del coronavirus.
¿Se habrá olvidado de las palabras del ahora senador de Morena, Germán Martínez, cuando renunció a la dirección del Seguro Social, en mayo pasado?
“En el IMSS, algunas injerencias de Hacienda son de esencia neoliberal: ahorro y más ahorro, recortes de personal y más recortes de personal, y un rediseño institucional donde importa más el ‘cargo’ que el ‘encargo’”, puntualizó.
* Ya que estamos. Nos escribió el cardiólogo Elías Moreno Brizuela, exsecretario de Protección Civil en la CDMX durante el gobierno de Marcelo Ebrard. Quería dejar claro que la salud del Presidente es un asunto de seguridad nacional.
En tono crítico, señaló:
“Las acciones y declaraciones públicas (del Presidente) contradicen, especifican y dan poca importancia a las indicaciones que su gobierno realiza para pedir a la población resguardo voluntario en casa y la sana distancia entre personas…
“Andrés Manuel minimiza el riesgo de terminar infectado y, con ello, confunde la realidad, lo cual, además del mensaje equivocado al pueblo, hay que predicar con el ejemplo”.
Moreno Brizuela se pone en el supuesto de que AMLO se contagie. Hace notar que, por su edad, su hipertensión, sus problemas cardiacos “y un posible enfisema pulmonar”, por haber sido fumador durante muchos años de su vida, lo pone en situación de vulnerabilidad.
“Los riesgos no los esquivará con amuletos, imágenes religiosas o con la fortaleza moral que le abonó el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell”, asevera.
Dijo más: “Su ausencia por enfermedad generaría una grave crisis nacional. Por seguridad nacional, a la primera persona que se tiene que poner a salvo en algún búnker es al Presidente de la República para que, desde allí, atienda la crisis”. Pero AMLO ni suda ni se acongoja. Va mañana a Tlaxiaco, directo a un hospital. Viernes y sábado va a recorrer más hospitales que se van a destinar a la atención de enfermos de coronavirus.
* Un demoledor tuit subió ayer a la red Mariana Moguel, la hija única de Rosario Robles. Alude, con ironía, al saludo de mano del presidente a la mamá del Chapo Guzmán: “Presidente@LopezObrador. Yo también le he enviado cartas y solicitado audiencias, sin embargo, no he obtenido respuesta. ¿Acaso debo ser familiar de Joaquín Guzmán Loera “El Chapo” para que me reciba?”.
Sin comentarios.
* Cierro con algo que vale la pena destacar. El gobierno izquierdista de Portugal aprobó un proyecto que legaliza a los inmigrantes sin papeles, como medida de solidaridad ante la epidemia que cambió nuestras vidas. De este modo, los extranjeros tendrán acceso a todos los servicios públicos, incluidos el Servicio Nacional de Salud y las ayudas sociales.
Los beneficiados serán quienes hayan solicitado la residencia al Servicio de Extranjeros y Fronteras, incluidos los solicitantes de asilo, hasta el 18 de marzo, día de la declaración del Estado de Emergencia Nacional en Portugal.
Me pongo de pie.

Astillero

Tregua, Twitter y empresarios // AMLO: bajarle una rayita // FCH: desmarcarse de García Luna // ¿Salarios mínimos o completos?

Julio Hernández López

La Jornada

En su conferencia matutina de prensa, el presidente Andrés Manuel López Obrador llamó a sus opositores a una tregua cuando menos durante el mes que durará el plan de emergencia sanitaria. No lo hizo a partir de un planteamiento discursivo neutro, pacificador, propicio para su realización: Llamo a la unidad, incluso a los adversarios, a los conservadores, dijo, como si un modelo de unidad pudiera excluir a los contrarios (sólo la participación de éstos daría un auténtico sentido unitario), e insistiendo en la descalificación mediante la muy jabonosa etiqueta de conservadores.
A la hora de cerrar esta columna sólo se había producido una respuesta de corte menor al llamado andresino a la unidad nacional: Felipe Calderón Hinojosa creyó encontrar una vía fácil de oportunismo para tratar de adjudicarse galones de milicia opositora y respondió positivamente a las palabras del tabasqueño. Precisó la necesidad de que no se polarice ni desde la Presidencia (conservadores, etcétera) ni desde la oposición, y puso su experiencia adquirida con H1N1 a disposición de Palacio Nacional.
Aun cuando ha invertido tiempo y recursos en la construcción de un partido familiar a su servicio y que mantiene una amplia red de agresores en Internet para envenenar el debate público, Calderón Hinojosa no es ni el único ni el principal de los opositores al obradorismo, a pesar de que es de por sí bastante reducida la talla política de los otros adversarios con mayor relevancia, como los panistas y la élite empresarial.
En realidad, Calderón Hinojosa es un personaje sombrío que pretende diluir entre politiquería una realidad aplastante en su contra: que el sexenio de funeral que encabezó de 2006 a 2012, llegado a Los Pinos mediante un fraude electoral histórico, tuvo como motivación de guerra un pacto mafioso con un cártel del narcotráfico. México fue hundido en sangre en ese periodo calderonista en razón de los acuerdos de narcopolítica que realizó el entonces virtual vicepresidente policiaco del país, Genaro García Luna, actualmente preso en Estados Unidos bajo acusaciones de haber servido desde un encargo público a otros criminales.
López Obrador habló también de la necesidad de que sus opositores le bajen una rayita a una campaña en medios, en redes, que es desbordada, abruma, fastidia. Una muestra, mencionada en esa misma reunión con reporteros, la dio el propio Calderón al haber sugerido insidiosamente, lo cual fue retomado de inmediato por algunos de sus seguidores como si fuera verdad, que durante su visita a Badiraguato, Sinaloa, AMLO habría comido con un grupo de personas entre las que estaría un hermano de El Chapo Guzmán. El funerario Felipe ofreció una disculpa hipócrita cuando se comprobó que su insinuación era probadamente falsa. Él solo había hecho una pregunta en Twitter, dijo con aparente candidez.
En otra parte de su alocución tempranera, el político nacido en Macuspana dio cuenta del estado selvático en que ha entrado un espacio cibernético que durante años fue arena de debate y comunicación política respetables. Dijo López Obrador que en las redes sociales y particularmente en Twitter hay “una epidemia anclada de noticias falsas. Ojalá y se aplique Twitter, y esto no es censura, porque están actuando como operativos y robots. Ahora sí, como decía mi paisano Chico Che, ‘quién pompó (…) Hay mucha diferencia entre el Face y el Twitter. No sé si tiene el Face más control, pero Twitter está desatado, de modo que a la unidad”.
Por otra parte, pidió a los empresarios que acepten el plan de emergencia sanitaria y no litiguen en contra del pago de salarios completos a trabajadores durante un mes. Sin embargo, algunas cámaras y organizaciones patronales consideran la posibilidad de asumir la parte de la Ley Federal del Trabajo que habla solamente de pagos de salarios mínimos.
Y, mientras crece la exigencia de investigación a fondo y justicia en el caso de otra periodista veracruzana asesinada, María Elena Ferral,

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