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Onésimo Cepeda y la nostalgia del poder

Bernardo Barranco V.

El obispo mundano, frívolo y derrochador no ha cambiado a sus 84 años. Sigue predicando la palabra de Dios con vulgaridades. Es un teólogo obsceno. Y sigue haciendo desfiguros y escándalos, como el sainete que protagonizó sobre su supuesta postulación a diputado.

El obispo emérito de Ecatepec, Onésimo Cepeda, acaba de protagonizar un extraño episodio político-religioso. Horas después de haber sido postulado ante medios como precandidato a diputado por el partido Fuerza por México, se retractó y anunció que no competirá por el cargo porque no está dispuesto a perder su condición sacerdotal ni perder el ­vínculo con la Iglesia.

Cambió su razonamiento como si se tratara de una camisa. En la mañana se enfundó en la del candidato desafiante de las leyes y de la clase política y por la tarde atemperó su embriaguez por el protagonismo. El obispo emérito pretendía salir del silencio por los años de retiro y recuperar una notoriedad perdida. Finalmente se disciplinó como una persona sujeta a las reglas de su institución. Bastó un tajante comunicado de la Conferencia del Episcopado Mexicano y una fuerte llamada del nuncio Franco Coppola para someter su devoción por los reflectores. En su megalomanía fantasea con una supuesta llamada con el Papa, que nadie cree.

El pastor de la ostentación y de la frivolidad escenificó una vez más una absurda aventura mediática en un callejón sin salida. Onésimo Cepeda, en tanto ministro de culto, está impedido de manera categórica por las leyes canónicas de la Iglesia, así como por la legislación mexicana, para ejercer un cargo público, participar de la vida política partidaria y presentarse para competir en elecciones.

Cepeda estudió leyes. Es inconcebible que no conociera sus infranqueables obstáculos legales. Pudo más su nostalgia por el poder o haber convenido un escándalo mediático que promoviera el partido de su amigo Pedro Haces Barba. Pudo haber pactado esta comedia para llamar la atención de un partido que no levanta ni con la ayuda de la vela perpetua.

Onésimo Cepeda es abogado por la UNAM. Tuvo una vocación sacerdotal tardía. Se ordenó a los 33 años, después de una disipada vida de clasemediero como roquero, torero, bolsero y parrandero. En sus primeros años sacerdotales, en los setenta, se amparó bajo el signo de progresismo católico de la Teología de la Liberación, que estaba de moda. Entonces ser clérigo progresista era plausible. Por ello se asentó en la avanzada diócesis de Cuernavaca bajo toda esa atmósfera de innovación y profetismo con Eric Fromm, Iván Ilich y Gregorio Lemercier.

Poco antes de que Sergio Méndez Arceo pasara a retiro, Onésimo se refugió en los conservadores movimientos carismáticos de clase media alta. Se hizo eco de las preocupaciones de Roma y las disciplinas impuestas por Juan Pablo II. Se convirtió en aliado incondicional del siniestro nuncio Girolamo Prigione para desmantelar la obra pastoral de don Sergio. Apoyó la persecución encabezada por los obispos sucesores, Juan Jesús Posadas Ocampo y Luis Reynoso Cervantes, contra las comunidades de base, la pastoral popular y sacerdotes libertarios. Onésimo Cepeda tuvo un nuevo reacomodo entre las élites conservadoras y participó en la Guerra Fría eclesiástica. Se alió con Marcial Maciel, Norberto Rivera, Emilio Berlié y conformó el poderoso grupo de Iglesia paralela, el llamado Club de Roma.

Ya en la cúspide como obispo de Ecatepec, Onésimo se dejó consentir por el priismo mexiquense; en especial estrechó lazos con el Grupo Atlacomulco. Su adicción por los reflectores fue evidente. Llegó a pensar que sus vulgares ocurrencias eran refrescantes para el acartonado oficio clerical. Se autoproclamó daltónico y se convirtió en el capellán del PRI nacional. En tiempo récord construyó una suntuosa catedral en la franja pobre de Ecatepec. Gran amigo de la familia Hank González, de Arturo Montiel y de los Golden Boys, se convirtió en padrino político de personajes como Enrique Peña Nieto y Eruviel Ávila.

Onésimo Cepeda apareció desde fines de los noventa del siglo pasado como parte de la élite secular del poder, envuelto en continuos escándalos mediáticos y penales.

Todo retrato de un personaje siempre se queda corto, pero el dinero, los negocios propios, el poder y la política han acompañado al polémico obispo. Aspiró sin éxito a ocupar sedes cardenalicias con la ambición de ser príncipe de la Iglesia; para fortuna de la misma, fracasó.

Onésimo Cepeda es el arquetipo del obispo mundano, hipnotizado por el poder y por los poderosos. Es de todos conocido que le gusta vivir con el refinamiento de la abundancia y se apoya en una red de relaciones de personas con altos recursos para financiarse.

Como empresario incursionó en compañías de seguridad, funerarias y bienes raíces, y promovió la tauromaquia. Sus declaraciones, expresiones y desplantes fueron objetos de escándalos, porque resultaban anticlimáticas para un hombre de fe. Dichos escándalos avergonzaron y dañaron la imagen de la Iglesia.

El valiente sacerdote Antonio Roqueñí retrató así la conducta de Cepeda: “no queremos obispos que vayan a los toros los domingos, no queremos verlos en las páginas de sociales compartiendo las ­inauguraciones de los edificios ricos o en desayunos de caridad que son ostentosos e insultantes para la gente que tiene hambre en este pueblo; no queremos obispos arribistas ni oportunistas del poder”.

Además de la tauromaquia, destaca su inclinación por los Diablos Rojos del Toluca y era frecuente encontrarlo en el palco del estadio departiendo con prominentes integrantes de la élite política mexiquense.

Siempre en la frontera, amante de la notoriedad, supo acomodarse a los tiempos políticos. Ante la debacle del PRI en el 2000, con lujo de pragmatismo se acomodó con la nueva familia presidencial. La frivolidad del obispo armonizó con la futilidad de los Fox, a quienes ayudó en sus respectivas anulaciones matrimoniales.

Su trayectoria está marcada por contradicciones, oscilaciones e inconsistencias. A finales de 2005 el subcomandante Marcos captó los vaivenes de Cepeda en los siguientes términos: “de Onésimo Cepeda me da risa, porque inmediatamente exhibe cómo va cambiando. Era labastidista a morir, el 2 de julio se hizo foxista y a la hora en la que los zapatistas tengan éxito dirá: ‘yo siempre he sido zapatista, ¡vivan los pobres diablos!’”.

El 7 de mayo de 2012 la oficina de prensa del Vaticano anunció de manera escueta que el papa Benedicto XVI aceptaba la renuncia de Onésimo Cepeda como obispo por motivos de edad, sólo 44 días después de que éste la presentó; tiempo récord, pues dicho proceso toma meses y hasta años en concretarse. Un duro golpe para el vanidoso prelado.

Sus principales detractores estuvieron dentro de la Iglesia.

Lo acusaron varias veces en Roma, porque Cepeda desafiaba los moldes moderados del pastor y atentaba contra la imagen de la Iglesia.

El obispo mundano, frívolo y derrochador no ha cambiado a sus 84 años. Sigue predicando la palabra de Dios con vulgaridades. Es un teólogo obsceno. Y sigue haciendo desfiguros y escándalos, como el sainete que protagonizó sobre su supuesta postulación a diputado.

Cuando se despidió como obispo en 2012, el controvertido personaje dijo que se quedaba como ejidatario sin parcela. En efecto, Roma le quitó la parcela y él se encargó de destruir su credibilidad.

De naturaleza política

No merece Guerrero a un violador…

Enrique Aranda

212,228 muertes ya, y contando… y el doctor Muerte ríe.

Intentar entender cómo es que un presunto violador-acosador sexual como el impresentable Félix Salgado Macedonio puede, aún hoy, pretender le sea ratificada la candidatura que (por mandato superior) le otorgó el partido del gobierno (Morena) para alcanzar la gubernatura en su entidad natal, apoyado en un discurso amenazante e ilegal —“claramente subversivo, trumpiano…”, diría alguno—, no parece del todo factible si el análisis respectivo ignora, en parte, al menos, la lacerante realidad socio-económica, en materia de seguridad y política prevaleciente en Guerrero.

Esto, sí, porque al menos 50 por ciento de su población vive en condiciones de pobreza económica y al margen de la más elemental seguridad social; 25% exhibe rezago educativo y, en conjunto, el estado es considerado uno de los más violentos, merced a la obvia impreparación y corrupción de sus cuerpos policiales y de seguridad y a la actividad del crimen organizado, pero, más aún, por el escaso, prácticamente nulo, nivel de desarrollo democrático que muestran sus habitantes.

Apenas en enero, el Instituto Nacional Electoral (INE), en conjunto con una docena más de organizaciones sociales como el Centro de Estudios Políticos y Sociales (Cepos), la Confederación USEM, el Colegio de México (Colmex) y la Fundación Konrad Adenauer Stifung-México (KAS), dio a conocer el último reporte anual de su indice de Desarrollo Democrático en el que, de nueva cuenta, ubicaba a Guerrero con uno de los peores registros junto, en éste caso, con Morelos, Veracruz, Michoacán, Chiapas y Oaxaca, cuya realidad en el terreno político y cuya vida democrática poco o nada tienen que envidiar a la entidad que el despreciable Toro Salgado Macedonio intenta alinear a la 4T con el irrestricto apoyo de Andrés Manuel López Obrador y su cada vez más cuestionable gobierno, como sí lo tendrían respecto de Yucatán, Baja California Sur y Aguascalientes que, en la edición 2020 del IDD resultaron ser los estados mejor calificados.

Argüir, entonces, que es el pueblo quien desea encumbrarlo en el poder es no sólo un acto de manipulación realizado desde la cúpula del poder público, sino, también, un insulto para quienes sí entienden que si Guerrero no cuenta con un gobierno capaz de avanzar ya en la solución de su compleja problemática socio-económica y de seguridad o, para decirlo más claro, con políticos de probada integridad, con experiencia y debidamente capacitados, la entidad seguirá condenada ya no sólo a consolidar su deprimente realidad actual, sino, incluso, a agravarla, lo que no merece.

Esta semana la suerte de la citada entidad deberá quedar sellada y, si somos justos, no deberá estar ligada a un presunto violador…

Asteriscos

*Quien no parece dispuesto a dejar de acosar a enemigos políticos es el impresentable Jaime Bonilla Valdez, quien, el pasado viernes, vía el SAT bajacaliforniano, abrió un nuevo frente contra el candidato del partido-secta (PES) a sucederlo, Jorge Hank Rhon, contra la empresa Casino Caliente Hipódromo de su propiedad, en concreto a la que, de manera presuntamente ilegal, continúa reteniendo 208 máquinas “tragamonedas”…

José Revueltas y los tejedores de ilusiones

Francisco Javier Guerrero *

En el ya lejano 1965 me harté de ser dirigente de la Juventud Comunista Mexicana (JCM), rama del Partido Comunista Mexicano (PCM). Ingresé a esa organización cuando tenía 20 años porque pensaba que así me convertiría en un apasionado militante revolucionario y lucharía porque en México por fin se instituyera una sociedad justa y democrática, sin una inicua explotación y sofocante opresión que padecía la mayor parte de la población del país. Quise escalar el Everest, pero sólo puse mis pies encima de dos pequeños ladrillos. En realidad, el partido carecía casi totalmente de eficacia para cambiar radicalmente nuestro ámbito nacional, aunque tuvo importancia para lograr algunas reformas sociales importantes.

No todo era noche oscura en el PCM, por el contrario, en la JCM realizamos un intenso trabajo de organización y formación de cuadros junto con amigos inolvidables como los luchadores sociales Raúl Álvarez Garín y María Fernanda Campa Uranga. Pero nuestros esfuerzos eran constantemente torpedeados por una burocracia partidaria de individuos apoltronados. No solamente teníamos que enfrentar reiteradamente la feroz represión gubernamental y de los grupos de mayor poder económico, sino que además debíamos aguantar los innumerables obstáculos que nos colocaba la dirección partidaria. Pronto me di cuenta de que el PCM no era más que una de tantas sociedades de amigos de la URSS, como les llamaba Wright Mills. Decidí fugarme del PCM porque además en ese partido predominaba una indigencia intelectual y aunque sus miembros se decían marxistas conocían del marxismo lo que yo conozco del subsuelo de Marte. Paradójicamente, existía un pequeño grupo de lúcidos pensadores como Enrique Semo, Roger Bartra, Sergio de la Peña, Marcelino Perelló, Joel Ortega y unos cuantos más, pero estos intelectuales no eran puntales de ninguna escuela de cuadros, parecían ubicarse dentro de un Olimpo interno en el PCM. Un personaje que ahora es un famoso dirigente político ignoraba quiénes eran Romeo y Julieta y yo le informé que eran unos jóvenes parecidos a los que salían en la película Amor sin barreras. También creía que Beethoven era un famoso perro que aparecía en otra obra fílmica.

Al fugarme del asfixiante PCM, decidí buscar al ilustre escritor José Revueltas (JR), a quien conocía sólo por algunas reu­niones académicas, charlas de café y un encuentro de oriundos de Durango. Pero esas reuniones, charlas y el encuentro fueron de gran significación porque así conocí a un hombre lúcido y apasionado, vital y generoso, de una pureza sorprendente y de una pasmosa visión a largo plazo. Quizás moleste a varios amigos izquierdistas lo que a continuación afirmo: JR, que se consideraba a sí mismo ateo y marxista convencido, es quizá el más auténtico cristiano que he conocido. Parecía un verdadero santo.

En 1960, JR y otros compañeros habían sido expulsados arbitrariamente del PCM sin que se les diera oportunidad de actuar en su propia defensa ante las absurdas acusaciones que se les hacían; la burocracia partidaria los acusó de ser traidores sabuesos al servicio del gobierno mexicano, agentes del imperialismo norteamericano, trotskistas repugnantes y otras lindezas. Lo que habían hecho JR y sus compañeros era criticar severamente a las direcciones del PCM y del Partido Obrero Campesino Mexicano, ante una incisión del propio PCM de conducir totalmente de forma errónea el movimiento ferrocarrilero de 1958 y 1959; en este ultimo año los obreros ferroviarios, agrupados en su sindicato nacional, habían hecho estallar una huelga exigiendo aumentos de salarios, concesiones y determinadas prestaciones. El sindicato era notablemente democrático y entre sus dirigentes se hallaban notables luchadores sociales como Demetrio Vallejo y Valentín Campa, verdaderos héroes en la historia de México en lo que atañe a la emancipación de la clase obrera.

Pero los dirigentes sindicales creyeron ingenuamente que el gobierno progresista de Adolfo López Mateos, que se autodesignaba de extrema izquierda dentro de la Constitución, se iba a quedar de brazos cruzados ante el movimiento huelguístico. Por el contrario, encarceló a los dirigentes, cesó y despidió a multitud de obreros y mandó asesinar a no pocos de ellos. Candorosamente, Vallejo declaró que la represión era inusitada, porque las demandas no ameritaban tan brutal represión. Como la mayoría de los dirigentes aran miembros del PC y del POC, era claro que los líderes de estos partidos habían carecido de una orientación correcta, lo cual permitió el bestial asalto al sindicato ferrocarrilero que fue sustituido por otro de carácter charro, con lidercillos domesticados por el gobierno.

Ante la derrota, JR y sus compañeros decidieron fundar la Liga Leninista Espartaco, con el objetivo de crear un auténtico partido comunista. Aquí no dispongo de espacio para narrar lo que sucedió con esa organización y las causas de su fracaso, lo que me interesa asentar es que ese gran escritor duranguense que fue JR siempre insistió en que una auténtica democracia no se agotaba en el sufragio electoral, sino que consiste esencialmente en la capacidad organizativa de las masas de trabajadores y sus ejercicios democráticos, de imponer la autogestión en los centros urbanos, en los barrios, en los ejidos y comunidades, en las escuelas y universidades, en los movimientos por la emancipación de las mujeres, etcétera.

Es del todo ingenuo suponer que una democracia real se establece por la aparición de un caudillo salvador y sus corifeos, aun suponiendo que ese caudillo sea muy capaz y deseoso de servir al pueblo. El 14 de abril de 1976, al fallecer el gran Pepe Revueltas se apagó una muy importante voz de alerta. En 1959 los dirigentes ferroviarios se pusieron a tejer ilusiones y terminaron en la cárcel o en el panteón. En la actualidad han proliferado mucho más esos tejedores de ilusiones, es necesario que captemos con gran precisión la realidad social y evitemos caer en todo tipo de alucinaciones políticas.

* Investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

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